8 dic 2014

YILU SHUNFENG


Mi ciclo en Wudangshan ha llegado a su fin, después de una maravillosa travesía por el corazón de la cultura Daoísta de Wudang y su místico kung fu interno, ahora tomo un nuevo rumbo. El camino nunca se termina, simplemente cambia de dirección y el final de un ciclo es solamente el inicio de otro,  esto es algo que he aprendido durante mi peregrinaje a través de la montaña sagrada, y aunque por momentos es muy doloroso decir adiós, las recompensas de esta grandiosa aventura han sido infinitas.




Por siempre he de llevar en mi corazón las enseñanzas aquí obtenidas, los muchos y muy queridos nuevos hermanos, todo el esfuerzo, la dedicación, la concentración, pero sobre todo, el infinito amor que la hermandad del kung fu crea.

 
  













Me llevo un sinfín de recuerdos, momentos sagrados que iluminaran mi andar por esta tierra, lugares y personajes a los cuales solo las antiguas leyendas hacen justicia. Me llevo a un bondadoso  anciano   ermitaño que habita una cueva junto con miles de abejas en completa paz y armonía,  y cuyo arrugado y sonriente rostro puede iluminar el mas oscuro corazón. Me llevo a los pacíficos monjes y monjas Daoístas que  habitan los templos, que caminan entre senderos olvidados, observando y estudiando las leyes naturales, quienes viviendo con lo indispensable y sumergiendose en el silencio de la no-accion recorren el camino medio, cultivando su espíritu, contemplando el Dao.

 

  
  


En mi mente se han fijado por siempre los bordes de la sagrada montaña iluminada por el sol, las nubes bajando por sus cordilleras envolviéndolo todo en una mística bruma, la naturaleza inmaculada, que en cada ciclo solar estalla en millones de colores, y que con el paso del tiempo nos recuerda que el cambio es la única constante. 











Conmigo viene el sonido del agua, goteando lentamente hasta correr por las laderas entre las rocas, fluyendo en arroyos, formando transparentes ríos y cascadas de aguas cristalinas que desembocan en un inmenso lago cuyo fin la vista no alcanza, y así  demostrando como la suavidad es la fuerza mas poderosa. 


 










También me llevo a los imponentes leones, guardianes de las puertas,  que inmóviles observan el paso de siglos de peregrinos, me llevo el incienso ardiendo en las entradas de  palacios y templos, que al mezclarse con la frescura de un aire incorrupto crea el olor de la divinidad, olor que es tributo de deidades de ancestrales orígenes, inmortales que viajan montando grullas. 


                    






Me llevo los hermosos templos y palacios, que construidos con el mayor cuidado y respeto por la naturaleza aparecen entre los caminos, honrando y recordando los diferentes momentos de la vida del príncipe que lo abandono todo, para al final de su vida convertirse en el Señor del Cielo Profundo.





    















Conmigo viene la historia de Zhen Wu, el Guerrero Verdadero,  Señor del Cielo Misterioso, aquel que con perseverancia logro elevarse del reino de los humanos, no sin antes darse por vencido y sufrir las penurias de El Camino, su largo andar será la inspiración, y la dorada iridiscencia de la cúpula de su trono que refleja el sol en la cima de la montaña sagrada será la luz de mi propio camino.












Me llevo las  risas de los pequeños dragones, mis jóvenes hermanos, los guerreros mas formidables que he conocido, su tenacidad, su simpleza y su duro esfuerzo, el férreo y sin embargo dulce carácter de los hijos del dragón, tan solo puedo  esperar que pronto llegue el día en que al cruzar de nuevo el portal de la academia escuche sus hermosas voces gritando: Liyou lai le!,  Liyou lai le!!! (Leo ha vuelto, Leo ha vuelto!!) y así vuelva a compartir con ellos la dureza y la alegría de la vida del kung fu.





 


 



 

 
Me llevo la amistad, el amor y el mas profundo respeto y admiración hacia mis hermanos mayores, ojala que algún día mi kung fu llegue a ser  como el de ellos.  Grandes hermanos que con firmeza me guiaron de la mano como a un niño pequeño, con alegría me llevaron mas allá de mis limites y con verdadera amistad llenaron mi corazón.





Me llevo a todos aquellos con quienes compartí el entrenamiento, la comida, la vida diaria, todas las nuevas experiencias, sabores e ideas,  el agobiante cansancio, la añoranza del hogar, las variadas diferencias y las asombrosas igualdades de nuestras culturas, la felicidad del darse cuenta de nuestro efímero paso por esta vida, y lo que decidimos hacer en ella, la belleza del asombro compartido, nuestra hermosa, precisa y poderosa coincidencia, nuestro Yuanfen.
 


 

  

  

 

 

  



  
                                
   

                       
                                      
        

  


 

  



 

 





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Me llevo la imagen de mi Shifu caminando entre nosotros, pacientemente observando, corrigiendo, explicando. Por siempre llevare su imagen humilde, trabajando la tierra para alimentarnos, su carácter abierto y ligero, la ecuanimidad encarnada del Daoísmo.














Me llevo su cercana humanidad, que rompe con la absurda imagen del santificado maestro, me llevo sus profundas y sin embargo simples enseñanzas, su increible kung fu que apenas comienzo a comprender, me llevo el inicio de un camino siguiendo los pasos de  mi maestro, verdadero maestro, Shifu sin igual.










Me llevo el amor por Zhong Guo, el Reino del Centro, un país lleno de misterio,  un lugar habitado por un sinfín de verdaderos maestros, un increíble pueblo con milenios de historia que actualmente vive una vez mas un profundo cambio, me llevo a su increíblemente resilientes ancianos que caminan por todo el país, subiendo montañas, cruzando enormes distancias con cargamentos pesadísimos, ancianos que siembran y cosechan sus propias huertas y que ríen como niños, y a sus niños, que corren y gritan por doquier con inocencia y libertad. Me llevo el mas grande asombro y respeto por esta antigua y rica cultura, una cultura que ha alimentado al mundo entero con leyendas, religiones, filosofías, ciencia y arte, este mágico reino del cual el mundo se ha enriquecido por milenios siendo imposible entender la historia  sin todas las aportaciones que China le ha hecho a la humanidad.














Me llevo su comida, una de las mejores experiencias que se pueden tener en este lugar, un constante banquete de manjares, gran parte del alma de este país se entiende a través del paladar, un placer sinfín lleno de sabores y olores que llenan el alma de paz y felicidad.


     



     



   







   

Me llevo el amor por la cultura del Te, placer de emperadores y campesinos por igual, la sutileza de su  sabor, la refinación de su  ritual, una taza de te compartida con seres queridos es un pacifico momento para contemplar y compartir la existencia, para contemplar el Dao.
   




Me llevo momentos mágicos, indescriptibles encuentros con personajes de novela, conversaciones que tan solo había soñado y que aun me cuesta creer, me llevo amaneceres y atardeceres  de sublimes colores y sonidos, un cielo tan estrellado que solo cuando niño había podido ver. Me llevo el cambio profundo que durante este maravillosa aventura sucedió en mi, la alegría de haber encontrado infinitamente mas de lo que esperaba, la infinita satisfacción de haber vivido mi mas profundo sueño, y el inombrable sentimiento de haber dado este paso tan fundamental en el descubrimiento de una verdadera forma de ser y vivir el kung fu.










                        



                          






Así como un día en el verano de 2013 comenzó mi peregrinaje por Wudangshan cuando cruce la puerta Xuanyue, mi ultima parada antes de partir fue este lugar tan importante para mi, de nuevo cruce la puerta, pero esta vez en dirección contraria, de esta forma y de acuerdo a la tradición salí del mundo de los espíritus de Wudang y regrese al mundo de los mortales cerrando por completo mi peregrinaje. 



Mientras cruzaba la puerta me detuve a tomar un ultimo respiro, el sol ya estaba oculto en el oeste detrás de la montaña sagrada, Jinding la cúpula dorada debía de estar brillando encendida en ese preciso momento, exhale y di un paso al frente, la luz se extinguía lentamente y con ella los últimos instantes de mi peregrinaje, ahora todo lo vivido volvía a convertirse en un sueño, el sueño de la mística montaña de Wudang, y su profunda y milenaria sabiduría.


Me llevo un sinfín de recuerdos, el viaje de una vida, imágenes que iluminaran mi mente cuando la luz en mis ojos este por apagarse, imagenes que llegaran en sueños y a donde volare cuando mi mente este en silencio, me llevo a Wudang, la misteriosa montaña que rige el mundo,  me voy con la promesa de volver y mientras tanto llevo conmigo las palabras de despedida de mi Shifu:


                                                                    一路顺风    
                                                              YILU SHUN FENG
                         “QUE EL VIENTO SEA FAVORABLE A LO LARGO DE TU TRAVESIA”


                                                                   ZAI JIAN!